miércoles, 9 de noviembre de 2011

Incisivo

Fue al sacamuelas le dolía demasiado una encía y no podía resistir ese martirio tan agudo que se clava en las sienes. Le dieron el numero de turno 73,  o sea que antes que él, habían setenta y dos personas con parecidos padecimientos.
No podía tener prisa, lo que tenía era miedo, terror a abrir su boquita de piñón frente al dentista. Es algo delicado que te extirpen cualquier cosa y además esperar que el señor doctor no sea gruñón, no produzca dolor y no se equivoque, que tenga buen día y acierte ¡Eso también se ha de valorar!
¡Qué dolor! No podía ni vivir con estos aguijonazos, era demasiado soportar para el cuerpo, aguantar esas punzadas tan profundas, que zarandeaban hasta las ternillas del organismo haciendo flaquear las piernas.
Aquello iba rapidito, el doctor no perdía el tiempo, en chistes ni en circunloquios, tal como entraban salían. Desenfreno total, rapidez en el desarrollo del fin del dolor, extirpación de los problemas bucales. Tanto era así que se ilusionó en recuperar la calma y el sosiego tras la exigua espera. Aquella consulta, era un encanto, se accedía con sufrimiento y se despedía verdaderamente sanado.
_ Buenas tardes. ¡Qué le pasa!
_ Pues, que debo tener una muela careada, que me trae a carajo sacado.
_ Siéntese, abra la boca. ¡Nada!  Eso no es nada. Verá que pronto, finaliza este penar.
Antes de desaparecer los efectos anestésicos, empezó a molestar algo. Ya en presencia del doctor, mientras le cortaba la hemorragia bucal.
 _Es normal que tengas molestias después de una cirugía. Debes guardar reposo, no hablar, no masticar de ese lado, no enjuagar la boca con nada, no escupir._ Dijo Don Cipriano._ Traga la saliva, no escupas. Si no eres paciente y te da aversión la sangre en la boca, usa una gasa estéril para limpiar la sanguinolenta saliva y límpiate con frecuencia._ Seguía esgrimiendo el Odontólogo, con cara de pocos amigos._ Luego ponte otra gasa estéril, doblada varias veces encima de la herida, muérdela y quédate sentado, una hora, quieto, mordiendo, estacionario, muy inactivo, ni caviles, déjate ir dentro de tus corrientes, verás como a medida que pasen los minutos ganarás en tranquilidad y en confianza.

Salió del Ambulatorio con una serie de consejos que el propio Don Cipriano le regaló para que fuese menos complicada la recuperación. Después que la anestesia no actúe, que se marchite el sopor del cloroformo, evitando molestias previsibles.
Habían pasado unas cuarenta y ocho horas, de morder la gasa, de estar sentado de no tragar, de no comer, de no dejar de dolerse de su dentadura, de tener unos revolcones excepcionales, de   ¡No vivir!
¡Dolor profundo!  Hiere aún más. Ha seguido tomando el antibiótico. No fue una extracción laboriosa ni complicada y saliste del médico, sin más que los consejos dados por Don Cipriano, pero a pesar de haber hecho absoluto reposo, es posible que aún tarde en mejorar. _ Pensaba el desafortunado Jaume. _  He respetado los cuidados iniciales, desde que salí de la consulta. Son fundamentales, pero no encuentro mejorías. Es posible que la herida esté infectada. Es probable que no tenga un coágulo adecuado, que no cubra el hueso. Es factible que el cuajo esté desprendido e infectado. Se halla retraído la encía habiendo quedado un trozo de raíz al descubierto y se hayan emponzoñado las paredes del alveolo dentario._ Todos estos pensamientos pasaban por su cabeza cuando ya se dirigía a la consulta de Don Cipriano._ Acompañado de Carmela, su compañera, una mujer sabelotodo que además entiende de leyes, de medicina, de asuntos fiscales, puericultura, finanzas, cardiopatías, medios para el adelgazamiento, en fin una mujer lumbreras, una siete ciencias. Además, ¡Claro!  Ser, la persona más higiénica de la ciudad.
Al llegar a la puerta del consultorio, fue recibido por la enfermera, que al verles, con aquella urgencia y a Jaume, con un semblante tan mofletudo, tan rollizo, tan exageradamente inflamado, le dijo que esperara, que no tardaría en ser atendido por el doctor.
Mientras Carmela, iba haciendo praxis y teoría de lo que le podía haber sucedido a la muela de Jaume y le refería no sin, entonación adecuada, de lo que seguramente sería y de donde le vendría la aparatosa infección.
Él, se la miraba inmisericorde y no pronunciaba palabra, primero porque no podía y después, con seguridad hubiese sido  corregido por la innata lucidez y el conocimiento tan enorme que poseía aquella dama.
Don Cipriano, les hizo pasar y sentó a la víctima en la butaca del martirio, la  odontológica, haciéndole abrir la boca como pudo. No tardó en saber qué es lo que le ocurría.
_ Jaume, ¿Así se llama usted? _ preguntó el dentista._  Ummziii _ balbució manifestando ese ruido gutural, intentando decir ¡Sí!   Mientras tenía aparcados dentro de la boca una cantidad de artilugios metálicos, propios de la función.
La compañera, que estaba a pocos metros de la butaca profesional, quiso dar a don Cipriano, su opinión. _ Verá Doctor _: Se le ha infectado porque no ha llevado a cabo todas las prescripciones facultativas que usted le indicó, poca profilaxis y además, los analgésicos prescritos en su consultorio, tampoco los ha tomado, debe tener una viral contaminación, que le proporciona esos dolores tan agudos ¿Verdad?
_ Además de todo eso que usted apunta señora, ¡Que es cierto! Le suprimí un diente sano, en lugar del que tenía afectado y que debí haber sacado, puesto que la muela que le daba martirio, la sigue teniendo._
_ ¿Y ahora, que hacemos?
_ ¡Begin the Beguine!  
_ ¡Volver a Empezar!



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