viernes, 14 de octubre de 2011

Sensaciones de una Paz



Hacía su paseo diario Paz, con su bastón blanco de invidente. Era ya una rutina, aquel itinerario hasta su lugar de trabajo. La joven dilataba y extendía aquel recorrido, maravillándose, del olor de las flores y del sonido de los pajarillos que saltando en los árboles, quizás anidaran sus crías y aquel alborozo, fuera por el alegro que les daba alimentar a sus pichonzuelos.
Las gentes se cruzaban con ella y muchos de ellos, misericordes y tiernos por la bondad de Paz, trataban de ayudarle y de facilitarle ese calor que las buenas gentes suelen prestar a los que necesitan ayuda. Por lo que además de concentrarse en su alrededor, en el mundo que era para ella, la oscuridad, agradecía todas aquellas ilusiones que le llegaban de sus conocidos. Era una mujer abierta y emprendedora, con ganas de vivir su vida, la que el cielo o el destino le había proporcionado, sin más excusas, como si las dificultades por motivos de su ceguera, no fuesen obstáculo para que ella, se quedara en la reserva, compadeciéndose a sí misma y lloriqueando por su disminución física.
Ella es una joven preciosa llena de vida y de encanto, con una cabellera propia de una princesa egipcia y un cuerpo que imaginero divino hubiera esculpido. Dotada para culminar cualquier empresa por difícil que las haya, segura de sí misma y empecinada en sacar adelante aquel tenderete de ventas de revistas y chucherías que administraba.
Paliaba su ceguera con otra perspectiva, la emocional y la talentosa. Todos los días en punto a las nueve de la mañana, abre su kiosco, ayudada por los servicios locales del parque que la esperan puntuales frente a las puertas de su templete. Los proveedores de los diarios y revistas, la tratan con un cariño que ella misma se ha ganado al cabo de los años. Ese esfuerzo es el que le da sentido a su vida, tras el trágico accidente que sufrió hacía tres años.
Con suma alegría vendía las revistas, periódicos, semanarios, haciendo gala de estar al corriente de cualquier deporte, de las próximas confrontaciones entre equipos y de cualquier evento social que se tuviera que llevar a cabo. Dominaba la palabra como pocas y tenía sus propias ideas sobre la política local y territorial del barrio, sin contar con sus imaginativas soluciones, formulas magistrales que deberían seguir los grandes políticos del mundo, para sacarnos de los problemas a los de a pie. Los chiquillos, que se paraban a comprar sus chucherías, antes de ir o regresar del colegio, tenían con ella muy buenas vibraciones y gustaban de hacerse bromas y alegrías.
Un buen día, Marcos, se paró en el kiosco, pidiendo ayuda por la pérdida o quizás el robo de sus documentos y sus pertenecías, las de trabajo y las personales, dejándole en una situación de desamparo.
_ Hola, buenos días, no habrás visto nada raro hace un rato. Estaba sentado en el banco justo de enfrente y me han desaparecido mis pertenecías.
_ Pues, no he visto nada, entre otras cosas porque hace tres años dejé de ver._ Habló Paz, con suma tranquilidad y perfectamente atenta a lo que el joven le decía._ Sin embargo, no me ha parecido detectar nada raro en el ambiente.
_ Perdona, no me había percatado, que no;    …Al llevar esas gafas, no he detectado tu…   , _  No terminaba la frase el muchacho, cuando ella le interrumpió.
_  ¡Venga, hombre!  Que no pasa nada, dilo, con tranquilidad, que no voy a enfadarme. ¡Soy ciega! pero tengo orejas y puedo escucharte. ¡Habla!
_ Lo siento mucho, perdona mi torpeza._ Marcos, se quedó sin parla, mientras ella tomó las riendas de la situación nuevamente._ Anda cuéntame que ha ocurrido, creo que será lo mejor para poder ayudarte. Por aquí tengo muy buenos amigos y entre todos, igual esclarecemos algo.
_ Pues, estaba sentado en el banquito, haciendo hora, para mi acceso a las oficinas de la Compañía de Gas, he debido quedarme dormido y ahora no tengo ni mi documentación, ni mi cartera de mano donde llevaba los asuntos de trabajo. No soy de aquí, venía a hacer un curso de capacitación en esta empresa, a la que pertenezco en una sucursal de la provincia de Teruel.
_ Y has venido desde allí, ¿caminando?  ._ Rió Paz, con gracia y denuedo._ Porque desde tu ciudad hasta aquí, hay una buena distancia.
_ Llegué esta madrugada con el tren correo, he estado toda la noche viajando y por eso me he quedado traspuesto en ese lugar. Me llamo Marcos y la verdad, estoy en un apuro. No sé qué hacer. Ni conozco nada de por aquí.
_ Pues, sí que es verdad, que lo tienes crudo. Mira, creo que deberías dar parte de lo sucedido y si nos enteramos de algo, pues, te aviso. ¡Pero claro! donde te doy la razón, esa es otra, porque si no eres de aquí, no tienes dirección de posada, pues difícil, ¿No crees? _ Verás llamo ahora a la seguridad del parque y lo mismo pueden echarte un cable.
_ Gracias, muchas gracias, ¡Cómo te llamas! Eres muy amable y te agradezco estos detalles sin conocerme ni saber quién soy.
_ Me llamo Paz Rubiales, y no pasa nada, creo que nos debemos ayudar unos a otros, si no ¡estamos perdidos! ¿Sabes que deberías hacer? Si dices que eres empleado de la compañía de Gas, preséntate en las oficinas, identifícate como puedas y pon en conocimiento a los responsables de lo que te ha sucedido, que como eres un desplazado, te has quedado sin documentación y sin tu cartera, que imagino llevabas el dinero, poco o mucho. Eso ya no importa, pero ¿Cómo volverás? ¿Cómo te alimentarás? En fin creo que es lo más adecuado. Vuelves cuando salgas, pásate por el kiosco y podré darte alguna noticia, si alguien ha visto algo, o saben que es lo que ha pasado.
_ Es lo más prudente. Creo que tienes razón, voy a hacerte caso, me presentaré al curso a la hora pactada sin retrasos y pondré mi caso en manos de mis jefes. Vuelvo luego y te explico. Gracias Paz, muchas gracias, eres una tía encantadora y muy amable. Nos vemos luego.
Marcos Trinos, desapareció, sin dejar más rastro que el tono de su voz al pedir ayuda a Paz, el timbre de la desesperación, la humillación de haber sido robado, ni siquiera eso, le hurtaron en un desvanecimiento de sueño, por descuido o cansancio en el banco del parque Dos Mundos.
Aquel joven, provenía de una ciudad, preciosa y abierta al mundo de la cultura, del arte y de las maravillas arquitectónicas, fuera y alejado de las practicas de las grandes ciudades y empleado en una empresa puntera del sitio de su residencia habitual. Le enviaban a capacitarse en un curso de una duración semanal, donde le debían facultar para el desarrollo de su nuevo empleo dentro de la firma. Había viajado toda la noche, primero con un autocar que lo llevaba donde debía tomar el tren y desde allí, en un traqueteo constante, llegar hasta el banco donde le fueron sustraídas todas sus pertenencias, maleta de la ropa, cartera de documentos y portafolios de trabajo. Absolutamente sin identificar y al relente se quedó en la ciudad, sin más certificado que su propia palabra y su poder de convicción.
Paz, de inmediato, se hizo valer del servicio interno de las instalaciones, para que le visitasen los guardias. Exponiéndoles con toda clase de detalles, los comentarios de Marcos y lo que él decía le había ocurrido. Comenzando una búsqueda de los enseres y de averiguaciones para mirar de esclarecer aquel penoso asunto.
Aquella tarde, después de la caída del sol, aparece Marcos en el kiosco, queriendo agradecer a Paz, toda su deferencia y su atención para con él. Paz, ya ni recordaba el incidente y a punto estaba de cerrar las compuertas de su tenderete, para marchar a su casa, dando aquel paseo que tanto agradecía a la vuelta, con agrado y con calma.
_ Buenas tardes Paz.
_ Hola, Marcos, te reconozco por tu voz. ¡Cómo ha ido!  ¿Pudiste aclarar algo?
_ Mira, al principio, como no llevaba ninguna acreditación, ni siquiera mi identificación interna de empresa, tomaron sus cuidados, llamando a mi jefe de zona en mi ciudad, al que me pusieron al teléfono y pudo quedar demostrado que yo soy apellidado Trinos y de nombre Marcos, después muy amablemente me llevaron a la comisaría de policía, a que pusiera denuncia de lo ocurrido y me dispensaran un nuevo documento identificativo, que mientras llega, es un provisional lo que obtuve. Más tarde, _ siguió comentando Marcos, con mucho agrado hacia Paz. _ Y eso ya entraba en el programa de capacitación, fui alojado en el hotel Continental, ya que voy a permanecer en la ciudad por lo menos una semana y me dieron permiso y algún dinero para que pudiese ir a comprar, como caso especial y con adelanto a la liquidación de viajes, que tendré que hacer al regreso. Algunas mudas interiores, ropa de vestir y los accesorios propios de la higiene personal. El servicio Social de la empresa, Contactó con mi entidad bancaria, para que anularan mis tarjetas de crédito y que me extendieran permisos para poder obtener algún recurso de mi propia cuenta. _ Una odisea, amiga Paz y tú quizás preguntándote, si no volvía a darte las gracias y a permitirme que pueda invitarte si quiera a cenar una de estas noches. _  Acabó su retahíla, aquel hombre, ya más sosegado que en horas anteriores.
_ ¡No, para nada! Si quieres que sea sincera, casi había olvidado el hecho. La verdad, que esta mañana me puse en contacto con mis amigos, los del parque y si, que han comenzado a hacer pesquisas. Más que nada, porque aquí, nos conocemos todos y no es nada agradable que los paseantes, transeúntes y demás personas, sean engañados y atracados de la forma más impune y vulgar que nos imaginemos. Por aquí juegan muchos niños, que vienen con sus mamas y sin ellas, y jamás se había dado una fechoría semejante. Los abuelos que se sientan tranquilos y ellos, si que se quedan bien dormidos, con la confianza que ningún desaprensivo venga a quitarles lo poco o mucho que lleven encima. Como te ha pasado a ti._ Dejó de hablar Paz en dirección a Marcos, porque fue interrumpida por una clienta que solicitaba una revista de moda. _ Sí cógela tu misma, ahí la verás. Vogue, a la derecha del estante. Por cierto, _ la amiga, le preguntó a Paz._ Se sabe algo del atraco de esta mañana. Dicen que ha sido fortísimo, que al chaval, lo han dejado prácticamente desnudo, que no era de esta ciudad y que no ha podido encontrar nada de lo robado._  ¡Mira ahí tienes al sujeto! _ dijo Paz, señalando a Marcos, que escuchando toda la conversación, esperaba tranquilo._ No se sabe nada de momento, es una pena que pasen estas cosas en el parque, pero chica, así es la vida. Se despidieron de la clienta y quedaron de nuevo los dos, a solas contándose lo sucedido.
_ Entonces Paz, ¿aceptas mi invitación para cenar juntos? o, tienes algún tipo de compromiso, que no puedas aceptarlo.
_ La verdad, es que no tengo costumbre de ir a cenar con desconocidos, pero tú, quizás no seas tan extraño como parece. Me apetece ir a uno de esas cantinas que sirven la cena, acompañada de música. Eso pretendo desde hace tiempo y poder vivirlo, ya que será difícil lo pueda repetir, en ninguna otra ocasión.
_ Porque dices eso, tú que sabes. La vida no es tan negra ni oscura como la pintan.
_ Lo dices tú que puedes verme y comprobar lo que te rodea. ¿Te fijas en mí? ¿Crees que lo tengo todo? ¡Un poco más limitado que tú! Ya no quiero exagerar, pero si lo digo es porque es muy posible, no lo repita.
_ Perdona, Paz, no quería ofender, ni ser jactancioso. Lo siento.
_ Nada de eso, ahora no te pongas mustio, que tú has dicho que me invitas y no te vengas atrás, porque no te lo permitiré. Mira, esta noche, no me viene bien, pero si te quedas, me ayudas a cerrar el kiosco y me acompañas hasta la puerta de casa. Mañana más dispuesta, vienes a buscarme y nos vamos a cenar. Busca lugar, pregunta y alguien te dirá, donde podemos cenar acompañados de un piano o de un violín. ¿Te parece Marcos?
_ Me encanta, esa disposición y esa valentía, en eso quedamos, me espero y cuando digas, cerramos, te acompaño y todo queda dispuesto para mañana.
No tuvo que esperar demasiado, la hora estaba cercana al cierre de los establecimientos y salió al parque a ver a la gente como departía, a los niños como corrían jugueteando y las madres como les vigilaban desde no demasiada distancia. Al poco de quedarse ensimismado, Marcos, escuchó la llamada de Paz, que le buscaba desde el quicio del acceso del kiosco.
_ Marcos, ¿estás ahí? llamaba Paz, con insistencia._ Aquí estoy, esperándote._ respondió el joven, que no aguardaba a demasiados metros desde donde ella estaba. _ Ayúdame, que cerramos y nos vamos tranquilamente, que el camino del Hotel Continental, está en el mismo itinerario de mi casa. ¡Ya verás qué fácil es! Solo debemos bajar esta persiana y tú que ves divinamente, le pasas el candado y con dos vueltas de llave, queda cerradito._ dijo Paz, _ mientras, notaba que él, estaba ejerciendo la fuerza para bajar la corredera y dejarlo totalmente guardado.
_ ¡Ya! Alguna cosa más para dejarlo cuidado. No prendemos alarmas, ni seguros, ni cosas así, _ dijo Marcos, sujetándola del brazo, para posicionarla en el centro del paseo. _ Nada más, tan sencillo como eso. No tengo demasiadas propiedades ahí dentro, para tener gastos de esa índole.
_ No digas eso Paz, que ya ves, lo que me ha ocurrido a mí. De lo más tonto del mundo, pero ha ocurrido y la verdad, que me he visto perdido y desorientado en un principio. Hasta que de verdad, cuando he hablado contigo, he sabido serenarme. Te he visto, entera y sensata, practica frente a las vicisitudes, he pensado que aunque lo que me ha pasado a mí, fuese lo más insólito del mundo, comparado con tu entereza, tu aguante, valentía y talante, no tenían parangón.
_ Lo dices, por mi ceguera, te has quedado atónito, creías que tras las gafas de sol, había unos ojos radiantes y felices ¿verdad?
_ No es eso Paz, no sabría explicarlo, ha sido todo tan excepcionalmente rápido, que no lo he calificado todavía. Pienso y todo parece tan extraño. Me he quedado dormido, cuando yo jamás duermo, ni me pasan estas cosas, peco de falta de sueño, lo nervios del viaje, si cabe me ponen más despierto, más cauto. El desconocimiento del lugar, hace que sea menos confiado, que esté por los detalles mínimos y que no se quede nada en mi tintero personal, para precisamente evitar estas contingencias anómalas, sin embargo, tenía que pasarme y me ha pasado.
_ Igual, el destino, te ha jugado una vivencia, que ni esperabas, _ dijo Paz, sonriendo y mostrando unos dientes nacarados blancos que sobresalían de entre las luces y sombras de la tarde, mientras caminaban amistosamente por el sendero del parque, a poco de emprender la avenida.
El tiempo otoñal se dejaba sentir y ya en la gran avenida, las tiendas y el tumulto de las personas al ir y venir, dejaban aquel sonido resabio y audaz que resignan a los oídos más penitentes. No te preocupes, que aunque no pueda ver, me conozco estupendamente el barrio y no nos perderemos. Déjate llevar por mí y sin darte cuenta habremos llegado, _ matizó con gracia Paz. _ No, desde luego, me dejo llevar por ti, imposible querer o pretender explicar algún detalle de esta ciudad, ni de otra cosa. Agrada comprobar, que eres una mujer, que sabes lo que has de hacer en cada momento y eso aunque no lo creas, da bastante seguridad. _ Acabó diciendo Marcos, tras tomarla de un brazo, al ir a cruzar una bocacalle, con semáforo parpadeante.
_ Te preguntarás, como una chica joven como yo, está sin vista ¿Verdad? ¿Qué le habrá pasado, y como debió ser la causa?
_ Mujer, yo no gozo en preguntar. No te conozco a penas y podría ser un tanto grosero el tomar esas licencias interrogándote tan a las bravas.
_ Bueno pues, a mi me viene en gana de explicarlas hoy, porque te veo tan nervioso y tan fuera de lo sereno que intuyo que eres tú, que hasta me has causado algo de congoja. _ Paz, comenzó el relato, asiéndose más al brazo de Marcos, que la guiaba por la acera central de la avenida. Agazapada a él, comenzó a relatar:
Iba de viaje con mi novio, a la costa, las playas nos esperaban y siempre circulábamos rozando la permisibilidad de las señales de tráfico y retando a las leyes físicas de la carretera. Gozaba con la velocidad, con el aire en la frente y con el gusto por los paisajes. Nos quedaba muy poco para arribar al hotel donde nos alojaríamos durante dos semanas y pasaríamos las vacaciones de aquel verano de ahora hace cinco años. No sé ni cómo, en un adelantamiento muy forzado, entramos en una curva espantosa, la moto se encabritó,  cabeceó y nos caímos, mandándonos a los dos ocupantes al suelo. Mi novio y yo, salvamos la vida. Él quedó entre unos matojos rocosos de la curva con contusiones mayores, rotura de la clavícula, pierna destrozada y rasguños para regalar. Conmigo el destino fue más sádico, caí en la carretera y la moto me rozó la parte de la frente entre las sienes y la cara, produciéndome unas heridas fatales que me llevaron a la pérdida parcial de la vista. Mi novio, perdió el control de su motocicleta Yamaha 525 centímetros cúbicos y fue a parar al suelo, golpeando mi cabeza, aparentemente, con el cordón cuneta de la carretera, según evidenciaron las manchas de sangre encontradas en el lugar minutos después del accidente y cuando ya habíamos sido trasladados ambos al hospital Comarcal de la Paz
Como consecuencia de la violenta caída, sufrí un severo traumatismo de cráneo con lesiones en el oído y el sistema óptico visual, acompañado de una importante pérdida de sangre. No quieren pronunciarse los médicos, a que se debió exactamente pero lo que sí es cierto, es que perdí la vista. Como consecuencia del grave accidente. Josué, el que fuera mi novio, cuando se recuperó de sus lesiones, graves ciertamente, pero sin secuelas y viendo en el estado que me encontraba. No supo aceptar las evidencias del destino y quedé sola, tras su olvido. La vida la tengo, los sentidos intactos menos el de la vista, pero bien es verdad, que el resto se han súper desarrollado y los tengo más perceptibles y agudos que antes.
En la próxima esquina, gira a la izquierda, que hemos llegado a casa. _ dijo Paz, con una risita en su cara y feliz como una niña con regalo sorpresa.
Habían recorrido toda la avenida de San Juan y le invirtieron sobre unos veinte minutos largos, en un regodeo entre las gentes,  un recorrido agradable, una  caminata edificante. Al llegar a la puerta del edificio donde vivía Paz, ésta le invito a subir, pero Marcos, prudente, quiso relegar esa circunstancia.
_ Mira, nos vemos mañana a la hora de comer. En lugar de ir al restaurante, compro algunas viandas y lo hacemos juntos en el kiosco.
_ ¡Bien, vale!    Y  ¿La cena?  No se le olvidó ese detalle a Paz.
_ La cena, por la noche, así quedamos, te recogeré en el templete de tu lugar de trabajo y te llevo a cenar a esa tasca que he de encontrar. ¿Te parece?
Se despidieron con un apretón de manos. Marcos, no sabía que decir y quedó callado, ella;  Paz, no podía dejar de decir aquello que pensaba, y lo soltó: ¿No te habrás arrepentido?  De la invitación a la cena, ¿No será así, no?
_ Para nada, lo que se dice se ha de cumplir y yo, tengo el gusto de compartir contigo una buena cena con música como te gusta a ti. ¿De acuerdo?
Al día siguiente, comieron juntos, fueron a cenar a ese rincón del “Marisco y el violín” y pasaron prácticamente la semana entera, viéndose. Marcos cumplía en el curso de preparación y en cuanto tenía un momento salía al kiosco, donde siempre había algún detalle preparado para hacer, pasear, comentar y reír. Cada tarde, ayudaba a echar el cerrojo a Paz y la acompañaba en paseo peregrino hasta su casa, y él marchaba a su hotel, que le quedaba a pocos minutos de aquella intersección del paseo San Juan. No llegó a subir a su residencia, a pesar de la insistencia que Paz le demostraba, por el deseo que tenía de presentarle a su madre y a su perrito Niké.
De los objetos robados, no se tenían noticias, a pesar de las preguntas y del interés que se ponía por recuperar, la cartera, la maleta y las ropas de Marcos. Detalles que  quedaron en segundo plano, dado el buen rollo y el cariño que se habían tomado. Aquella mañana de viernes, concluía el curso a los empleados de la compañía del gas, habiendo departido clases durante toda una semana a todos los desplazados del país, que debían retornar a sus domicilios de residencia. Todo había ido a la perfección, los problemas que al principio de la semana, tuvo Marcos, habían quedado resueltos, aún y no recibiendo noticias ni detalles por parte de la policía, ni de los agentes del jardín de lo que habían sustraído. Con su hatillo en ristre bajó hasta el centro del estanque donde estaba el kiosco para despedirse de Paz. El día parecía que se estropeaba, unas nubes negras invadieron el cielo, dejando la luz bastante tenue, como si fuese a caer una tormenta de las de masa de aire, que son precisamente las que se forman debido al calor adicional y desde el suelo, pronuncia la pendiente del gradiente térmico ambiental, proporcionando un efecto de disparo en la formación de las nubes. Al entrar en el kiosco, no conoció a la dependienta y se extrañó.
_ Hola,  ¿está Paz? _ preguntó con sorpresa Marcos.
_ ¡Sí!   Aquí estoy ¿Qué desea?
_ ¡Tú; no eres Paz!
_ ¡Ah no! Entonces ¿Quién crees que soy? _ respondió la joven dependienta, con aire de guasa y retando a Marcos
_ Pero tú, ¡no eres ciega!
_ Pues gracias a Dios, no lo soy. En que puedo servirte. Porque, no sé qué pretendes, con estas bromas tan pesadas y además creo que me confundes con alguien que no conozco.
En ese momento, un perrito blanco muy nervioso, se abalanzó encima de Marcos, buscando juego y esperando sus carantoñas. Mientras que su acompañante, le reprendía de forma muy seria.
_  ¡Niké! Te tengo dicho que no saltes encima de la gente. ¡Hola! _ saludó el recién entrado, una vez enganchó con la correa al pequinés.
_ ¡Hola cariño!  Que tal.  ¡Es mi novio!  _ comentó dirigiéndose a Marcos, a modo de presentación, _ Se llama Josué. _ siguió refutando, ya muy cerca de Josué. Este señor pregunta por una mujer llamada Paz. Le digo, _ sonrió y con guasa matizó. _ Que es la única mujer llamada con ese nombre tan de pacto, de avenencia y de amistad, en dos kilómetros a la redonda. Sin embargo, parece que no me cree, que le estoy engañando. ¿Puedes convencerle que digo la verdad? _ 
_ Sí,  a ella, la llaman Paz, y además regenta este kiosco desde hace cinco años lo menos, pero otra mujer de la zona, con ese mismo nombre. No podría decirle. ¿Qué es lo que ocurre? y porqué la busca, ¿Quién le ha dicho, que se acerque hasta aquí? En fin usted dirá. Le escuchamos.
Marcos, sin entender nada, comenzó a explicarles a aquella pareja, la odisea vivida durante la última semana, con detalles extremos, que solo los podía conocer alguien que los había vivido, tan cerca como él, que los sufrió desde su inicio y que ahora en un instante, se habían desvanecido, como si todo hubiese sido una especie de engaño brutal y patético.
_ Fijaos, que yo mismo recogía a Paz, la muchacha ciega, en el momento de echar el cierre, llegada la noche y la acompañaba en mi camino hacia el hotel Continental. Paseo adelante, por la glorieta central, hasta llegar al cruce de la calle Delicias esquina con el propio paseo._ Allí vivimos nosotros ¡Josué! _ constató Paz, mirando con reparo a su novio e interrumpiendo la confesión de Marcos. _ Me había invitado a que subiera a conocer a su madre y a su perrito, que por cierto, no me dijo como se llamaba. _ Marcos, en ese instante mintió, ya que si sabía cómo se llamaba el animal, ya que Paz, la muchacha invidente, la desaparecida, ¡Sí! Le había manifestado su nombre en no pocas ocasiones.
_ Por cierto, una curiosidad, _ interrogó Marcos, mirándoles a los dos, _ ¿Sois aficionados al deporte?, ¿alguna práctica deportiva? o quizás sois amantes de la ¿velocidad?
_  Nos gusta, la moto. Soy propietario de una Yamaha 525 centímetros cúbicos, que es la que nos lleva por esos mundos de Dios y nos permite disfrutar de la naturaleza y de la carretera. ¡Qué tiene que ver esta pregunta! No le veo relación con el caso. Es que sabías que solemos ¿viajar en moto?
_ ¡No para nada!  _Volvió a mentir Marcos, piadosamente, por no saber contrastar esos detalles, que recordaba vagamente de las conversaciones que había mantenido con la mujer ciega. _  ¡Bueno pues lo siento!  Llevo un tremendo lío en mi cabeza, creo que confundo situaciones. ¡Ah una cosa más! _ Volvió a inquirir Marcos, haciéndose el confuso. _ ¿Conocéis algún restaurante que, además de servir cenas sea musical? y quede cerca de por aquí.
_ ¡Claro que sí!, _ respondió Josué, _ el rinconcito del “Marisco y el Violín” precisamente hace una o dos noches, Paz fue a comerse un par de cazoletas de ostras vivas, con un compañero que es comercial de la compañía del gas. ¿No es verdad cielo? _ Paz, asentó con la cabeza, sin darle importancia.

Marcos, recogió sus pertenecías y salió del kiosco. La lluvia había comenzado a irrumpir, los truenos ya se preparaban en su espacio para retumbar y los relámpagos, se dejaban entrever entre las nubes negruzcas del cielo gris y amenazante.  
El viaje a su localidad, lo hizo con la preocupación y el temor de una de las tormentas más espeluznantes que se recuerdan en la zona, la misma donde estuvo impartiendo el curso de capacitación. Cayeron muchísimos litros de agua y granizo. Tantos que se anegaron algunas de las calles, reventándose alcantarillas, con los problemas que se derivan de una situación inesperada. Algunas de las bocas del metropolitano. Las más antiguas, tuvieron que cerrarlas para que los bomberos pudiesen achicar toda el agua que había penetrado en los túneles, anegando las vías y accesos. Teniéndose que interrumpir las líneas en según los tramos. Inundaciones en el extrarradio con desbordamiento del rio, provocando victimas y cuantiosos daños materiales. Los vientos huracanados, dejaron la ciudad desolada e infecunda, mientras los Servicios de Mantenimiento, Voluntarios, y Fuerzas Sociales, recuperaron el pulso de la gran Urbe.
Habían transcurrido dos meses, cuando un día recibe en su domicilio un fardo, traído por el Servicio Postal, en el que al abrirlo, no sin sorpresa encontró, toda la ropa que le habían robado aquel día en el parque Dos Mundos. Su portafolio, con todas sus carpetas y en el interior, en uno de los bolsillos internos, su billetera, con todo el dinero que portaba en el momento de la desaparición, el documento nacional de identidad y todas sus tarjetas de crédito. Absolutamente todo, lo que era de su propiedad y que en aquel momento desapareció sin dejar huellas. En el remite del envío, constaba la dirección de: Kiosco del Parque Dos Mundos
Aquella noche, repasando el periódico, en el apartado de sucesos, pudo leer entre muchas otras noticias sangrantes, el grave accidente que habían sufrido un par de moteros que viajaban hacia las playas, sobre una Yamaha 525 centímetros cúbicos, en el que el conductor un tal Josué Raches, salió desplazado hacia la cuneta, con heridas graves, pero que no se temía por su vida. La acompañante, Paz Rubiales, había ingresado en el Hospital Comarcal, contusionada gravemente y con hemorragias y daños en abdomen, pecho y cabeza, temiendo pérdidas auditivas y ópticas.


0 comentarios:

Publicar un comentario